Por: Christopher Erasmo Torres Jiménez
La cumbre del G20 fue el escenario ideal para sostener algunos encuentros e insistir en la necesidad de intervenir. Diez de los países participantes dieron su apoyo a EEUU y aseguraron que las pruebas indican al gobierno sirio como responsable del ataque contra civiles. Aunque no está definido los que se unirían al ataque.
Además de consideraciones humanitarias, los aliados evaluarían el costo-beneficio de intervenir sobre la base del interés nacional. Francia buscaría aumentar su perfil internacional, como aliado de EEUU, y reciprocando la ayuda recibida contra el terrorismo en Mali. Además su actuación va acorde con la proclividad de defender sus excolonias. Pero tendrá que romper con su costumbre legalista para emprender la intervención sin la anuencia de la ONU, y sería el único país de la Unión Europea en hacerlo. Por la tradición presidencialista del país galo, su mandatario FranÁois Hollande no tendrá que someter la votación al Congreso.
Inglaterra no podrá acompañarlo. El Primer Ministro David Cameron encontró resistencia en el Parlamento. Aun así continua apoyando a EEUU con la presentación de pruebas del uso de armas químicas en Siria. En Turquía, al igual que otros países de la Liga Árabe, la diferencia entre gobiernos sunitas y una Siria dominada por una minoría chiita alawita explicarían parte de su posición. Turquía, además, es una pieza importante por su ubicación geográfica y las bases militares americanas en su territorio. Siempre se podrá argumentar que el ataque busca también defender a este vecino país, miembro de la OTAN.
En EEUU, la mayor parte de la opinión pública no apoya la intervención. Hay consideraciones en conflicto: los argumentos humanitarios, la débil economía de EEUU, la falta de objetivo claro con el ataque, la duda sobre los reportes de armas (recuerden Irak) y posibles represalias. Sin embargo, a pesar de que siempre es mejor tener a favor la opinión pública, para un mandatario que no puede ser reelegido como Obama, estas consideraciones tendrían menor contundencia. Por último, para EEUU la decisión de intervenir implica un asunto de credibilidad. Luego de que Obama estableciera el uso de armas químicas como línea roja, corre el riesgo de que si no actúa, otros enemigos como Corea del Norte e Irán no tomen en serio sus amenazas. Pero Obama se muestra ambiguo e indeciso: por un lado somete la decisión al cuerpo legislativo (socializando también los costos), pero por otro, afirma que es el Comandante en Jefe y que no necesita aprobación. La resolución ya pasó una primera prueba en el Senado y es muy probable que se apruebe en el pleno.
Las dificultades se vislumbran en la Cámara de Representantes donde el voto estará más dividido con uniones anómalas entre extrema derecha e izquierda en contra (aunque por motivos diferentes), y demócratas y republicanos centristas a favor. Y hablando de uniones anómalas, cuando hay concordancia entre el presidente y el republicano John McCain, que apoya y/o lidera todos los esfuerzos bélicos, y fue opositor al entonces candidato Obama en 2008, quien luego como presidente gana, casi de inmediato y sin motivos tangibles, el premio Nobel de la paz, solo cabe esperar que el ataque engendro no herede las contradicciones de los padres.

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