Por: Christopher Erasmo Torres Jiménez
Los estudiantes desaparecieron un jueves, el 21
de junio, y le tomó a la policía salvadoreña casi tres semanas
descubrir la fosa común donde sus restos fueron enterrados.
En la
horrífica escena, el 11 de julio pasado, un investigador de la policía
ocultaba su identidad tras un pasamontañas por temor a represalias,
mientras sacaba los restos de uno de los jóvenes.
El menor de los
cinco escolares tenía 15 años. Una de las madres lloraba mientras los
cadáveres eran extraídos junto con sobras de comida y cubiertos.
Cuadernos escolares fueron hallados cerca. Un reclutador de una
pandilla, dijo el investigador policial, trató de convencer a los
jóvenes de unirse al grupo criminal usando un método usual: ofreciendo
una cena, pastel y refrescos.
Cuando se resistieron, dijo, fueron asesinados.
El
general David Munguía Payés, Ministro de Justicia y Seguridad Pública, y
el subdirector de investigaciones de la Policía Nacional Civil, Héctor
Mendoza Cordero, confirmaron que los asesinatos fueron obra de la Mara
Salvatrucha, o MS-13, una de las pandillas salvadoreñas que junto con
Barrio 18, frecuentan zonas escolares para reclutar estudiantes casi
siempre a la fuerza.
Seis meses después de que el gobierno
salvadoreño avalara una histórica tregua entre esos dos poderosos y
archirrivales grupos criminales, para reducir la terrorífica tasa
nacional de homicidios, altos funcionarios públicos hoy se encuentran
divididos sobre si el acuerdo realmente funciona.
A principios de
marzo, MS- 13 y Barrio 18, se comprometieron a poner fin a los
asesinatos y a los reclutamientos forzados a cambio de mejores
condiciones para sus líderes, que han dirigido el accionar de ambas
pandillas desde la cárcel.
El gobierno transfirió a 30 jefes de
cada pandilla de la cárcel máxima seguridad de Zacatecoluca, apodada
“Zacatraz”, a cárceles comunes, desde donde iban a impartir la orden de
tregua para que sus subordinados en las calles la siguieran
estrictamente.
El Ministerio de Justicia salvadoreño dice que la
cantidad de homicidios registrados bajó de enero a agosto de este año en
34% (1,894 muertos comparados con los 2,874 asesinados durante el mismo
período en 2011).
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